Medir la incertidumbre en la era del relato
Tomamos decisiones cada día sin saber qué va a pasar. Eso es la incertidumbre y parece que en los últimos tiempos se ha convertido en una compañía bastante ruidosa. En este episodio de CIENxCIEN exploramos cómo se mide, cómo influye en la economía y por qué, en un mundo lleno de relato y ruido, aprender a convivir con ella es clave para decidir mejor
"Está acabando la crisis de Irán y ya estamos empezando a hablar de aranceles otra vez. Tú tienes un actor importante como el presidente de los Estados Unidos que puede condicionar el relato. ‘No vamos a llegar a un acuerdo de paz’. Entonces, inmediatamente los mercados, si le asignan una cierta credibilidad, bajan.
Entonces, tú puedes intentar, puedes movilizar el relato en función de los distintos emisores y cómo interactúan entre ellos."
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La incertidumbre es consustancial a cualquier decisión, pero parece que en los últimos tiempos hace tanto ruido que no nos deja ver las opciones
Vivimos tomando decisiones constantemente. Algunas son cotidianas, casi automáticas, pero otras pueden cambiar nuestro futuro. Estés eligiendo qué ponerte o si contratar una hipoteca a tipo fijo o variable, nunca tenemos toda la información.
Eso que falta, eso que no sabemos, tiene un nombre: incertidumbre. Y afecta tanto a nuestras decisiones personales como al comportamiento de la economía en su conjunto.
Javier Pérez, director general adjunto de Economía, plantea que no toda la incertidumbre es del mismo tipo. Vamos de eventos con probabilidades claras, como el lanzamiento de una moneda o un dado, a eventos que prácticamente escapan a cualquier medición: “¿Cuál es la probabilidad de que ocurra mañana una pandemia? Cero. ¿Eso quiere decir que no va a ocurrir? No.”
En un un mundo incierto, tomar decisiones no consiste en adivinar lo que va a pasar, sino en gestionar lo que podría pasar. Es decir, pensar en distintos futuros posibles y decidir qué haríamos en cada uno de ellos.
Esto tiene un impacto muy real en la economía. Cuando la incertidumbre aumenta, familias y empresas ajustan su comportamiento: “en general, la incertidumbre actúa como un freno”, porque si no sabemos qué va a pasar mañana, tendemos a ser más prudentes hoy.
Eso se traduce, por ejemplo, en más ahorro, menos inversión o decisiones pospuestas. Y lo mismo ocurre a escala global: las instituciones y los mercados también reaccionan ante ese entorno incierto.
En los últimos años, además, la incertidumbre no solo ha crecido, sino que también se ha vuelto más visible. Crisis geopolíticas, cambios económicos, avances tecnológicos… vivimos rodeados de información constante y no toda la incertidumbre viene de los hechos. También influye cómo se cuentan esos hechos. Es decir, el relato.
Marina Diakonova, especialista en análisis de sistemas complejos de la Oficina de Tendencias Globales y Análisis de las Instituciones, explica cómo las narrativas (lo que dicen los mercados, los medios o los líderes) pueden interactuar entre sí y amplificar la percepción de incertidumbre, incluso condicionando la evolución de variables económicas.
En definitiva, en un mundo lleno de ruido, cambios y narrativas, la clave no es eliminar la incertidumbre (algo imposible), sino cambiar la forma en que la manejamos: en lugar de buscar una única previsión, debemos trabajar con distintos escenarios posibles y prepararnos para ellos.





