Expatriados, talento sin fronteras
Hay decisiones muy meditadas y otras que se toman casi instintivas, ¿cómo crees que será tomar la decisión de mudarte a trabajar a otro país? Son muchas las incógnitas, pero pocas las dudas, o, al menos, para algunas personas. Abróchense los cinturones, que despegamos. El destino está en un mapa, pero lo que vamos a encontrar allí, está por dibujar.
"En el momento que estás abierto a ello, es que es una riqueza, porque al final todos venimos de diferentes sitios, trabajamos de forma distinta, pero todos somos humanos. Entonces aprendes, valoras más que todos simplemente somos humanos."
Trabajar lejos de casa es un sueño para muchos, un desafío impensable para otros.
En el primer episodio del año de CIENxCIEN, Ana Comellas invita a Irune Solera, Elvira Prades y Susana Parraga, tres expatriadas del Banco de España en diferentes organismos internacionales, para que nos cuenten cómo es trabajar en el extranjero, qué desafíos han encontrado en el camino y qué aprendizajes se llevan de esta experiencia.
Con una oportunidad laboral que pide ser aprovechada, la decisión de vivir en otro país parece irresistible. Sin embargo, cruzar las fronteras conlleva mucho más que caminar por otras calles, probar otros sabores y hablar en otro idioma. Los expatriados nos muestran la importancia de tener una mente abierta y preparada para diferencias culturales, pero también una fortaleza especial para superar los desafíos personales de vivir con un pie en un país extranjero y el otro en el de origen. Lo tenemos claro: estas personas tienen un perfil especial.
Un claro ejemplo es Irune Solera, quien se trasladó con toda su familia a Washington D.C. para trabajar en el Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional o FMI, donde se dan cita representantes de 191 países. Su vocación internacional le motivó a dar el enorme salto de mudarse de continente, lo que también significó tener que adaptarse a un estilo de vida totalmente distinto al europeo.
Más allá de los conocimientos técnicos, de este intercambio se llevan lecciones de vida: aunque tengamos maneras diferentes de trabajar no somos tan distintos, “todos somos humanos”, recuerda Susana Parraga, desde el Banco Central Europeo en Frankfurt. Nos explica que la riqueza de este proceso tan complejo se encuentra en comprender que como personas compartimos mucho más de lo que creemos, y en aprender de aquello que nos diferencia.
Elvira Prades está enamorada de París, desde cuyo banco central trabaja en el hub de innovación del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés). Un entorno multicultural pero también multidisciplinar que le ha hecho aprender más de un idioma.
Todas han tenido que aprender la diplomacia de moverse entre culturas y, aunque cada una ha tenido una trayectoria profesional y personal única, las tres coinciden en una idea: este salto les ha merecido la pena completamente. Algún día retornarán a España con la maleta llena de momentos inolvidables, conocimientos valiosos y una visión del mundo renovada que compartir con sus compañeros.





