Sobre el Banco

Helena Almeida – Seduzir

Helena Almeida (Lisboa, 1934 - Sintra, Portugal, 2018)
Seduzir, 2002
Plata en gelatina y acrílico sobre papel baritado, 195 x 126 cm
Colección Banco de España
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“Lo que me interesa es siempre lo mismo: el espacio. Pero con lo que quiero trabajar es con las emociones. Son maneras distintas de contar una historia”. Así explicaba Helena Almeida la intención oculta de su obra.

La artista que fue su propio lienzo

Helena Almeida nació en un entorno artístico en Lisboa, en 1934. Fue hija de Leopoldo de Almeida (Lisboa, 1898-1975), reconocido escultor creador de importantes trabajos como el Monumento a los descubrimientos, en Belem, y que en muchas ocasiones utilizó a su hija como modelo en su estudio, el mismo en el que ella creó después casi toda su obra. Almeida habló en varias ocasiones del amor que tenía por ese estudio- en sus fotos siempre se reproduce la misma pared, el mismo suelo, el mismo rodapié- que de simple espacio de trabajo transmutó en espacio íntimo. Desde los años 60, la artista ejecutó allí su obra, en un proceso creativo meticulosísimo, primero realizando pequeños dibujos a lápiz en sus cuadernos de campo, que definían la colocación exacta de su cuerpo; después, grabando sus coreografías y colocando ella misma la cámara hasta decidir el momento exacto que luego “disparaba” su marido y compañero, el arquitecto Artur Rosa (Lisboa, 1926-2020). “Yo soy el hombre que hace clic”, se autodefinía.

Almeida rechazó la categorización de su arte como solo fotografía, pintura, escultura, coreografía o performance, pero sí lo reconocía como una hibridación de medios en la que ella era el lienzo sobre el que trabajar. Sus obras no son por tanto autorretratos, aunque casi todas muestren a la artista a lo largo de sus más de 40 años de carrera. De las miles de fotografías disparadas por Rosa a diario, a veces Almeida seleccionaba una, otras ninguna. Podía trabajar una y otra vez sobre el mismo tema. “No creo en la evolución”, decía a EL PAÍS unos años antes de fallecerAbre en nueva ventana. “El trabajo nunca está completo. Lo que me interesa es siempre lo mismo. Cada día es el mismo día”.

Las fotografías del cuerpo contorsionado, recubiertas de trazos de pintura azul, roja o negra, se convirtieron en las imágenes más emblemáticas de la producción de la artista, que las revindicaba como muestras "toscas y expresivas, registros de la vivencia y la acción". Algunas de sus obras más reconocidas dan fe de una honda sensibilidad por el simbolismo del color, que introduce en sus fotos a partir de intervenciones pictóricas, en contraste siempre con el blanco y negro de base de sus imágenes. En su primera época, este color era primordialmente el azul. El rojo apareció en torno a las fechas en que su hermana cae enferma de cáncer de garganta y lengua. En otras obras, la artista dejaba fuera el color, justificándolo en que no había necesidad: “Las cosas tienen que tener sentido, yo solo pongo color cuando es preciso”.

Seduzir (2002) es la serie autobiográfica que surge en torno la muerte de su hermana. Aunque algunos críticos consideraron que la serie investigaba en realidad el arte de la seducción y el atractivo, y Almeida nunca fue de interpretaciones ni de grandes análisis de su obra, sí mencionó en varias ocasiones el impacto que le causó el sufrimiento callado de su hermana, y cómo ésta mantuvo siempre su elegancia. “Recuerdo que a veces sangraba. Mientras hablaba con ella, que se mantuvo siempre arreglada y perfecta, ella sangraba”. Como exploración del impacto de esta enfermedad y muerte, en su acto performativo, en esta obra Almeida va vestida de forma elegante, con un abrigo negro hasta las rodillas, cuya punta levanta con la mano como si bailara un minué; calza zapatos de salón, símbolo de la feminidad estereotipada; sin embargo, al caminar, una extremidad, tensa, se despoja del calzado, que yace tirado en el suelo, y, desnudo, deja una huella roja al caminar. Esta mancha es el único punto de color de la imagen y sirve de punctum de esta, dirigiendo nuestra mirada hacia ella. El pie, despojado de todo disfraz, manifiesta las verdaderas emociones del personaje en un rastro bermellón concebido por la artista como drama, que es pintura. Con su cuerpo Helena Almeida hace suyo el dolor de la hermana perdida, se encarna en ella y metaforiza su dolor amagado.

Sobre texto de Isabel Tejeda, extraído del Catálogo Razonado de la Colección Banco de España (Banco de España, Madrid, 2020)