Sobre el Banco

Javier Campano - Fotografía del chaflán

Fotografía de Javier Campano
Edificio del Banco de España, 1981
Gelatina de plata sobre papel baritado,18 x 24 cm
Cat. F_162
Obra compuesta por 159 fotografías.
Encargo al autor
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La probada trayectoria de Javier Campano (Madrid, 1950), destacado desde la década de los setenta en el ámbito de la fotografía urbana y arquitectónica, llevó al Banco de España en el año 2000 a encargarle la realización de un amplio reportaje, en el que se incluyó esta obra anterior, de la sede central de la institución, en la plaza de Cibeles de Madrid, de la que nacería la publicación Arquitectura del Banco de España. En ese momento, la institución reflexionaba sobre su propia historia edilicia y su carácter de icono arquitectónico, ya que, en 1999, el edificio fue declarado Bien de Interés Cultural.

Historia del reloj del chaflán del Banco de España

El primer relato del reloj del chaflán del Banco de España se conserva en el legajo 803 de su Archivo Histórico. Allí se cuenta cómo, el 17 de agosto de 1889, la Comisión de Obras del Banco acordó colocar un gran reloj sobre el chaflán del nuevo edificio que se estaba construyendo en Cibeles, una pieza que debería tener “cuerda para ocho días, con rodaje de bronce montado sobre ejes de acero, con péndulo de hierro y madera”. Esta máquina ayudaría a cumplir el artículo 89 del reglamento del Banco que, desde 1876, indicaba que “la hora de la reunión (de la Junta General de Accionistas) estará señalada...y al darla el reloj público más inmediato al Banco, el Gobernador abrirá la sesión”.

Hay que recordar que, hasta pocos años antes, cuando se inauguró por Isabel II el reloj de Gobernación de la Casa de Correos en la Puerta del Sol (1866), era famoso el disgusto de los madrileños con el mal funcionamiento de los relojes que históricamente habían creado el caos con sus campanadas a destiempo en la ciudad de Madrid. Es conocido el chascarrillo sobre el que fue hasta entonces reloj principal de Madrid, primero situado en la Iglesia del Buen Suceso y luego en el Ministerio de Gobernación, ambos en la Puerta del Sol: dado que cada una de sus tres esferas ofrecía una hora diferente, se decía que era capaz de contentar a todos a la vez: si no te gustaba una hora podías elegir otra. También surgió una cancioncilla al respecto:

Este reló fatal
que hay en la Puerta del Sol,
dijo un turco a un español,
¿por qué anda siempre tan mal?
El español, con desparpajo,
contestó cual perro viejo:
este reló es el espejo
del Gobierno que hay debajo.

Con la creación de un gran reloj en su chaflán principal, el Banco se aseguró por tanto de que su actividad se rigiera por la hora correcta, dado que, además, este reloj debía hacer funcionar a los demás relojes del edificio mediante un mecanismo eléctrico disparado por su péndulo. Tras un azaroso viaje, que incluyó un accidente del barco que lo traía desde Londres, donde lo había creado la casa Glasgow, el relojero Garín lo puso en funcionamiento el 1 de marzo de 1891, tras entregar un manual de cuatro páginas -que aún se conserva- explicando cómo debía realizarse su conservación, de la que se hizo cargo a razón de 2,50 pesetas diarias. Desde entonces, ha funcionado sin descanso, marcando las horas en periodos de paz, de guerra y de crisis. Esperemos que en breve nos avise con sus campanas de la vuelta a la normalidad.