La T.A.E. es un indicador que, en forma de tanto por ciento anual indica la rentabilidad efectiva de un depósito, incluyendo los intereses, las comisiones y gastos, lo que facilita la comparación entre distintas ofertas.
Sin embargo, la T.A.E. es menos útil cuando se trata de comparar cuentas a la vista, ya que determinadas comisiones y gastos que no se incluyen en su cálculo (por ejemplo la de administración, que se cobra por anotar determinados abonos y adeudos en su cuenta) tienen una gran importancia. Además, según establece la normativa, las entidades podrán tomar como T.A.E. el propio tipo de interés nominal en las cuentas corrientes y de ahorro que den un interés inferior al 2,5% (o sea, la gran mayoría). En estos casos hay que fijarse muy bien en las comisiones y en los gastos antes de decidirse.
Otra cuestión importante a tener en cuenta es la T.A.E. en los depósitos a corto plazo, por ejemplo en los depósitos a un mes. El cálculo de la T.A.E. está basado en la hipótesis de que los intereses pagados se vuelven a invertir al mismo tipo de interés del depósito; sin embargo la entidad no se está comprometiendo a esa reinversión, por lo que en los depósitos a corto plazo la T.A.E. pierde significado.