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Depósitos a plazo

Los depósitos a plazo son productos en los que usted entrega una cantidad de dinero a una entidad de crédito durante un tiempo determinado. Transcurrido ese plazo, la entidad se lo devuelve, junto a la remuneración pactada (es decir, los intereses), salvo que se acuerde con la entidad el cobro periódico de intereses mientras dure la operación.

Habitualmente, los contratos de depósito a plazo incluyen la posibilidad de sacar dinero del depósito antes de que pase el plazo acordado, a cambio de una penalización o de una comisión. Una de las diferencias de las penalizaciones con las comisiones, es que las primeras no aparecen en los folletos de tarifas de las entidades, si bien unas u otras estarán recogidas en el contrato.

Es criterio del Banco de España que sea una penalización o una comisión, su importe no debe ser superior al de los intereses brutos devengados desde que se contrató el depósito hasta la fecha de cancelación.

Por tanto, la diferencia fundamental entre este tipo de depósitos y los depósitos “a la vista” (cuentas corrientes y libretas de ahorro) consiste en que en éstos el cliente puede disponer del dinero de forma inmediata sin ningún tipo de penalización. A cambio, la remuneración de los depósitos a plazo suele ser superior.

Estos son los depósitos tradicionales, pero hay otros tipos de depósitos en los que la rentabilidad está vinculada a la evolución de un índice, al valor de una cesta de acciones o incluso a que tenga lugar o no un acontecimiento futuro, depósitos que no permiten la cancelación anticipada o si la permiten es en unas condiciones muy distintas a las de los depósitos tradicionales.

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