Las entidades financieras se han ido adaptando a los nuevos canales de distribución que han surgido con la evolución tecnológica. En concreto, los sistemas informáticos empleados por las entidades de crédito han propiciado el nacimiento de una nueva vía de comunicación con los clientes que ha supuesto grandes ventajas: está disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana, y permite realizar un seguimiento de las operaciones más detallado e inmediato.
Sin embargo, a la sombra de la banca electrónica han surgido también nuevas técnicas que tratan de utilizar sus sistemas de forma fraudulenta. Los sistemas de la banca electrónica reciben los ataques en dos sitios: por un lado, en las propias entidades financieras y, por otro, en sus clientes. Puesto que las entidades de crédito toman suficientes medidas de seguridad que dificultan enormemente los posibles fraudes al sistema, los piratas informáticos se dirigen al lado más débil del sistema: los clientes financieros. Así, han surgido nuevos procedimientos de fraude que utilizan específicamente la banca electrónica y que son, principalmente, el phishing y el pharming.
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